Sobre la pintura de Manet y el análisis de Foucault
La historia del arte, como disciplina, ha estado profundamente marcada por la tensión entre la realidad y su representación del mundo.
Durante siglos, la noción de mímesis, como acto de expresión de sí en la búsqueda de ser una copia fiel de la naturaleza, se erigió como
el canon estético por excelencia, aunque de vez en cuando hay artistas que logran corromper las hegemonías proponiendo un cambio
en el paradigma de las artes.
Édouard Manet, nació en París, Francia en 1832 y falleció en la misma ciudad el año 1883. De familia acomodada, su interés en el arte,
comenzó desde su etapa escolar, y gracias a sus intentos fallidos de entrar a la Escuela Naval o de ser abogado, como su padre, lo llevó al
camino de los grandes maestros de la pintura, haciendo copias de obras de arte de todo el museo Louvre, luego inclinándose por el Barroco
Español, viajó a este país y pudo ver directamente las obras de sus crush: Murillo, Zurbarán y sobre todo, el grande entre los grandes,

En sus comienzos se podría clasificar la obra de Manet como una especie de neo-tenebrista españolizado, hasta que “conoció” la luz y
observó el efecto en la vida urbana moderna. Entonces, desarrolla una atrevida técnica ligera, brillante y controversial, que dejó a toda la
juventud con la boca abierta y provocó el rechazo de los viejos vinagres. Entre la juventud estaba, por supuesto, todo el club de chicos
impresionistas, que encumbró a Manet como líder, aunque él siempre buscando el reconocimiento y la fama más en la burguesía y en los
grandes salones de artes, que en formatos más “alternativos”. Michel Foucault, en el año 1970, realiza una conferencia y son las
transcripciones de su exposición recopiladas en el texto, La Pintura de Manet, un encuentro en donde interpela al pintor responsable de
ser el artífice de una ruptura epistémica, una crisis de la representación del siglo XIX, hacedor de una pintura postimpresionista paternando
el modernismo.
Foucault sostiene que Manet fue el primero en desafiar la tridimensionalidad ficticia de la pintura occidental: su obra se niega a ser una
ventana, afirmando en su lugar la materialidad del lienzo como una superficie plana. Esta negación de la profundidad es evidente en la forma
en que Manet elimina las sombras y simplifica a una pureza en los colores, un acto que no es una torpeza, sino una decisión consciente de
confrontar la pintura con su propia condición de objeto.
La innovación de Manet no se limitó al espacio, sino que se extendió a la luz y la relación con el espectador. Foucault argumenta que Manet
deja de trabajar con la luz del mundo exterior para crear una "luz intrínseca" que emana directamente de la superficie del lienzo, son nuevas
formas de iluminación y de luminosidad desconocidas hasta aquel momento. Este fenómeno, que Manet logra mediante su técnica de
superposición de colores, es un testimonio de la autonomía que la pintura adquiere: la obra ya no es un medio para imitar la luz de la
naturaleza, sino que es una fuente luminosa por derecho propio, increpando el rol del espectador.
En la pintura clásica, el espectador era un observador pasivo, un cómplice del ilusionismo pictórico de su creador. Con Manet, el espectador
es confrontado directamente por la mirada de los personajes o lo que estan mirando, como en el cuadro El balcón (1868- 1869), el pintor
hace una inversión de la técnica pictorica del quattrocento donde los grandes elementos arquitectonicos quedaban inmersos en la penumbra
del cuadro representados por tonos oscuros y los personajes, generalmente, aportarian los colores brillantes en ropas tales como los rojos,
verdes y azules, pero Manet en un cariz perverso como diría Foucault, pinta a sus personajes en un blanco y negro, deslavados, y le regala
el color a los postigos y terraza de un brillante verde chillón. La profundidad, se revela en una ventana en el fondo del cuadro, con un
sirviente que lleva una tetera apenas perceptible del mismo modo que sucede en El Ferrocarril o Gare Saint-Lazare (1872 - 1873) el humo
del tren vela el paisaje y toda la luz viene del afuera del cuadro. El balcón, es un cuadro extraño, toda la luz queda afuera y todo lo oscuro
queda dentro. No hay claroscuros, intermedios, existe un mundo de luz y un mundo de oscuridad y en el limen estos tres personajes con la
mirada perdida, atisbando cada uno a distintas direcciones.
Édouard Manet, El balcón (1868- 1869).
Rene Magritte, El balcón de Manet (1950).
Édouard Manet, El Ferrocarril o Gare Saint-Lazare (1872 - 1873)
Los personajes parecieran estar parados en nada, flotando, levitando, suspendidos entre lo interior y lo exterior. Foucault comenta que su
amigo Magritte pintó una versión de este cuadro, sus personajes ahora son féretros o tumbas de madera.
También, interesante respecto a la iluminación, es El pífano (1866), de nuevo, Manet juega con nosotros acerca de nuestras
pre-concepciones de lo que debería tener un cuadro en el quattrocento. ¿De dónde viene la luz? ¿De dónde está parado el pífano?
Édouard Manet, El pífano (1866).
Otro juego de Manet son las representaciones compositivas, así sucede en El baile de máscaras en la ópera (1873 - 1874) el
espacio se cierra de forma violenta con un gran muro que vuelve a ser la representación del propio lienzo, los personajes están situados
en una franja de tierra como escalones a lo horizontal y vertical, tal cual sucede en Argenteuil (1874) un lienzo representa las texturas
de la ropa de sus protagonistas en intersecciones de las horizontales con las verticales.
Édouard Manet, El baile de máscaras en la ópera (1873 - 1874)
Édouard Manet, Argenteuil (1874).
Estas verticales y horizontales acompañarán constantemente la obra de Manet, que vuelven en El Ferrocarril, estas líneas definirán el
propio plano del lienzo de las rejas que dividen a las mujeres del tren y las líneas horizontales de sus vestidos, además de personajes
en posiciones opuestas, tal cual acontece en Camarera con jarras (1879) o la arquitectura ya analizada en El Balcón.
Édouard Manet, Camarera con jarras (1879).
Las controversias con Olympia (1863), provocó tal escándalo que tuvo que ser retirado luego de su inauguración en el año 1865,
¿motivos? quizás fuese la luz la que causó tal revuelo.
Existen representaciones de Venus a lo largo de la historia y Foucault hace mención específicamente a la Venus de Tiziano (1538),
una Venus bella, joven, sugerentemente iluminada suave y discreta, a diferencia de la Venus de Manet, de una estética “fea” cuya
modelo es una trabajadora sexual, donde la luz procede frontalmente al lienzo. La luz como fuente luminosa que se revela e intuye
con la propia iluminación resulta ser que somos nosotros, en un juego de roles de la desnudez, la iluminación y nosotros mismos
que descubrimos este juego moderno, nosotros hacemos a Olympia existir, somos alumbradores.
Una transformación estética puede ser un escándalo moral.
Édouard Manet, Olympia (1863).
¿Es el lugar del espectador fijo? La obra ya no existe para ser vista desde un punto inmovil, sino para existir por sí misma, obligando
al espectador a reconocer su autonomía.
Un bar del Folies - Bergere (1881 - 1882). Nuestro impresionista aplica la misma técnica que en El baile de máscaras en la Opera,
detrás de los personajes se alza una pared pero en vez de pared es un espejo y tal representación no existe profundidad, la iluminación
es frontal aunque existan dos lámparas en escena, pero claro es el juego pictórico de Manet, ya que la luz vendría, otra vez, fuera del
cuadro. Hay una distorsión en el espejo y de lo que debería representarse, no se logra hacer coincidir las botellas de aquí y allá. Pero
lo que más llama la atención es la posición del espectador, no será la misma que la del pintor…
Édouard Manet, Un bar del Folies - Bergere (1881 - 1882)
Todos estos juegos del artista, son fisuras en los pliegues de la historia del arte que permiten cambiar paradigmas a una pintura moderna,
quizás gracias a su intransigente personalidad y la constancia de competir año a año en los grandes salones de arte le forjó una aura
mítica a su alrededor, Manet es vanguardia antes de las vanguardias.
En mi formación de estudiante de una Escuela de Bellas Artes, comparto el ímpetu de estudiar de lxs grandes maestrxs que me anteceden,
desde sus biografías hasta las técnicas pictóricas y simbolismos temáticos en relación a los contextos históricos-políticos de sus tiempos
y de los nuestros, posiblemente son señales del pasado que necesitamos saber hoy. Lo que me inspira de Manet no es sólo que pintase de
una manera distinta a la de sus colegas, pese a la ruda crítica, sino que pensara la pintura de una forma nueva, una “cosa” distinta.
Su obra demuestra cómo el arte, al asumir su propia condición de objeto y lenguaje, se aleja de la tiranía del parecido para explorar las
infinitas posibilidades de la representación como un sistema simbólico y esa revolución al cuadro - objeto, son formas que me interesa
indagar en mi oficio con objetos encontrados y legados, que me permitan hablar de la reminiscencia y darle la vuelta a lo que no se dice o
no se hace, desde los feminismos del sur, parece que es incompatible con la vida de Manet y su época, aunque quizás no tanto.
Bibliografía
Artista Edouard Manet, extraído en
https://historia-arte.com/artistas/edouard-manet
Biografía de Edouard Manet, extraído en
https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%89douard_Manet
Foucault, Michel, La Pintura de Manet. Roser Vilagrassa. Editorial Alpha Decay, 1968.
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