Un ejemplo acerca del studium y punctum de Roland Barthes.
La cámara lúcida (1989) escrita por Roland Barthes, es una reflexión personal para entender qué le atrae de la Fotografía explicando el asombro que ella le produce, entendiendo la Fotografía como una repetición mecánica e infinita de un momento que ha tenido lugar una sola vez, es el particular absoluto, la contingencia soberana. Es decir, la fotografía guarda lo que ya no está, superando así la Muerte.
Barthes plantea en este texto dos conceptos decisivos a la hora de describir y comprender a la Fotografía: studium y punctum. En razón que no encontraba en el idioma francés aquella palabra que expresara su pensamiento, fue en latín, el antiguo idioma de los filósofos, el aliciente para describirles.
Studium, “es aplicación a una cosa, el gusto por alguien, una suerte de dedicación general pero sin una agudeza especial, una forma cultural de participar en la foto”, para Barthes es él (nosotrxs) quien sale a buscar en un campo de deseo indolente.
Otra forma de decir, es me gusta pero no me enamora, un saber y cortesía. Lo dominante es más bien el gusto, el interés educado y aficionado por la fotografía, en muchos casos común a todxs o a la mayoría.
Punctum, es un pinchazo, un agujerito, una pequeña mancha, un pequeño corte y también una casualidad, es el azar que despunta y asombra: “no soy yo quien va a buscarlo (del mismo modo que invisto con mi conciencia soberana el campo del studium), es él quien sale a escena como una flecha y viene a punzarme.” En un paradigma mucho más subjetivo, afecta a las emociones y por lo tanto de distintas
formas a cada spectator, según sus propias experiencias.
Y para muestra un botón (o mejor tres):
Al ver esta serie de imágenes, el studium nos lleva a pensar frente a archivos o documentos de identificación personal, ¿quizás una cédula de identidad o un pasaporte? Se lee “Chile” y también puedes leer “Santiago”, “identificación”, “noviembre”, “reproducción prohibida”, probablemente fueron documentos de una persona con fecha de tiempos pasados, hoy podría ser una octogenaria o ya haber cruzado el umbral, al menos logramos ubicarnos en el tiempo/espacio, pero al seguir mirando, surgen otros rostros, a través de un montaje, algo inquieta en esa cara deformada, en esa repetición de letras y números, estos otros rostros parecen salirse de la pantalla, un juego de simulación incipientemente estereoscópica con nostalgia vintage ¿A quien o quienes identifica? ¿Cuáles son las motivaciones para
permear e imbuirse, escudriñar en pasados ajenos? crear y ver nacer un nuevo rostro (punctum).
En relación a las experimentaciones actuales en Pintura IV me interesa indagar en las fotografías encontradas ya sean en álbumes familiares o antiguos documentos como cédulas de identidad o pasaportes, desde la mirada de mujeres y si bien, inevitablemente, me interesa cuestionar los roles de genero también me gusta el juego de nuevas narrativas que surquen lo real con las nuevas representatividades, en nuestros tiempos la cultura de lo fake, sin dejar de lado las manualidades y todo
lo analógico que más pueda.
Spoiler: Fotografías realizadas a partir de tres selfies actuales superpuestas previa digitalización de antigua documentación de los años 1930 y 1940 de tres mujeres chilenas distintas. Colección personal.
Bibliografía
La cámara lucida. Nota sobre fotografía de Roland Barthes. Editorial Paidós Comunicación. 10ª Edición. 1989. España.
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